La risa como abrigo
Este sábado di un taller intensivo de clown. Fueron seis horas de juego, no de esos que distraen o anestesian. Jugamos con todo el cuerpo, con la mirada, con la historia que cada quien traía pegada al pecho.Y algo se abrió.
Cuando como adultos tocamos nuestra capacidad de jugar, lo primero que suele emerger no es la risa, sino la incomodidad, la vergüenza, el: “¿qué van a pensar? ¿para qué coño estoy haciendo esto?”. Y justo ahí empieza el trabajo. Porque si logramos quedarnos un rato más, en lugar de escapar o actuar, aparece la verdad y la creatividad. Esa que no responde a la exigencia ni a «lo correcto», sino a lo vital.
La belleza de estos talleres están en eso: en ver cómo, cuando se suelta el juicio, lo que brota es la ternura. Una ternura tan genuina que no necesita explicación. Solo cuerpo, mirada y presencia.
Para mí, lo más importante en estos espacios es que sean seguros, no perfectos, pero sí totalmente amables como para que alguien se atreva a quitarse el disfraz. Porque el clown no es maquillaje ni nariz roja: es vulnerabilidad estética. Es un estado donde puedo ser yo de forma completa, sin filtros ni poses, y aún así ser visto y recibido.
Y eso no solo es transformador… Es profundamente reparador.
Reír con otros, desde ese lugar, es un acto de resistencia amorosa. Es medicina social, en un mundo donde está completamente naturalizada la rivalidad, la competencia y la exigencia desde la dureza y el capitalismo. La risa compartida nos recuerda que somos lo mismo y más: que estamos buscando lo mismo a nivel profundo: Ser felices y estar a salvo para amar.
Y quizá lo más sutil, pero más poderoso, de lo que pasa en estos talleres, es que recuperamos la mirada. La capacidad de dejarnos mirar sin miedo. Y la posibilidad de entrar en la mirada del otro sin defensa, solo para conmovernos. Para tocarnos sin tocarnos.
Hoy escribo desde ese lugar: blandito, agradecido, y un poco triste porque la vida está así ahora, moviéndose, removiéndome las profundidades.
Porque cuando uno toca algo tan verdadero, también se abre espacio para lo que duele. Y eso está bien. Eso también es juego.
V.
